martes, 29 de enero de 2013

Códigos rojos

Hacía meses que no subía nada a este blog que tengo algo abandonado últimamente. Cambios, movimiento, acción. Me han tenido ocupado en otras cosas. Mala cosa si vuelvo a escribir aquí: es sinónimo de aburrimiento laboral.

Y siento además reiniciar este blog con lo más dramático, lo más cruel, lo más injusto, lo más descorazonador, lo más caprichoso, lo más arbitrario, lo más sinsentido, lo más sin razón, lo más indefenso, lo más temeroso, lo más cohercitivo, lo más alienante, lo más desesperante, lo más odioso, lo que más rabia da, lo más absurdo, lo más repugnante, lo más abominable, lo más siniestro, lo más sin corazón, lo más sin alma o lo más desalmado, que tanto da como da tanto igual, lo más repugnante, lo más irresponsable, lo más, lo más, lo más... lo que más necesita que siente a sus responsables en el banquillo de los acusados de una puta vez y les metan a todos en la cárcel. Sí, burócratas y gestores sociales, todos los responsables de este genocidio silencioso pero insaciable, ya centenario.

Lean si no el reportaje aparecido el domingo pasado en El País.

Sin palabras. ¿Qué se puede comentar a esto? ¿Qué droga produce más daño que esta sarta de crímenes indiscriminados? ¿Qué droga conocen ustedes que circunde un cuerpo de alambre o que lo desmembre?

Hace un tiempo vi un documental sobre el fenómeno de las drogas en las favelas brasileñas, se titulaba Bailando con el diablo. Una imagen de ese documental me acompañará siempre que viva. En un momento dado sale la imagen de una persona recién tiroteada en la cabeza, con el cráneo abierto y toda la masa encefálica saliéndose. Nunca, nunca he visto que una droga produjera algo parecido.

Y sin embargo, las políticas orquestadas hoy día para tratar de evitar que la gente tome drogas terminan produciendo este tipo de efectos tan espantosos en personas que nunca se habrían propuesto en su vida ni siquiera darle una calada a un porro.

En México, los muertos indirectos del tráfico de drogas, esto es, los muertos directos de las políticas de drogas se cuentan por miles. Es mejor no sacar la calculadora. Sería abrumadora, escalofriante y desoladora la cifra de asesinatos directos que las políticas actuales sobre drogas ejecutan. Enfermedades y muertes por negar el acceso a jeringuillas en las cárceles. Enfermedades fruto de fumigaciones indiscriminadas. Torturas, desplazamientos, extorsiones, debilitación democrática, corrupción política, judicial y policial. Para qué contar...

Código rojo. Código rojo activado desde los sillones de Viena, donde los narcoburócratas de la JIFE deciden cada año a cuántas personas van a asesinar con sus políticas de terror y muerte. Código rojo en las oficinas de los burócratas de cada nación, que secundan las órdenes de arriba facilitando que el brazo ejecutor se permeabilice en el entramado social de cada país soberano. Código rojo en cada esquina de cada calle de cada barrio de cada ciudad del mundo, donde a uno le quieren hacer recordar a cada momento, con su código rojo, que no se drogue: si lo haces, un inocente morirá asesinado sacrificado por ti, para redimirte. Para que, con su muerte, te convenzas de una vez de lo malas que son las drogas para la salud.

Señores, ustedes, los que activan los códigos rojos: váyanse al infierno.

jueves, 31 de mayo de 2012

Sobre la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y su repercusión en los usuarios de cannabis

Por problemas de incompatibilidad entre el administrador y su tiempo, este blog anda algo paradete. Así que para alimentarle un poco copio y pego el link que lleva a un texto, que acaban de colgar en su web los amigos de la Comisión de Políticas de Drogas y Sostenibilidad, y cuya lectura recomiendo:

http://15m-politicasdedrogas.pangea.org/?p=194

Espero que lo disfruten.

Saludos.

PD: En breve este blog volverá a ser lo que pretendía ser, al menos en cuanto a actividad. Gracias por su paciencia:)


miércoles, 11 de enero de 2012

A la vejez… ¡drogas!

La noticia neurocientífica de la semana ha sido un estudio publicado en el British Medical Journal que ha generado titulares tan impresionables como: “El otoño del cerebro empieza a los 45 años”. ¡Guau! Según el periodista, esto es, según “Agencias”, que es “quien” firma el artículo: “durante los 10 años que duró el trabajo, se produjo un descenso del 3,6% en el razonamiento mental en los hombres entre 45 y 49 años y un descenso del 9,6% en los de 65 a 70. Las cifras correspondientes para mujeres fueron de 3,6% y 7,4%”. Total, que pareciera como si en la franja de los 45 a los 49 años, siempre dentro del mileurismo, uno pasara de ganar 1000 euros a ganar 964, más pobre tampoco se va a hacer, al menos no tanto como para caer en la indigencia si es que con su sueldo anterior no había caído ya. Del mismo modo, no va a dejar de ser menos rico el jubilado que habiendo dejado el trabajo ganando 10.000 euros (que los hay, aunque no les frecuentemos), pasase a cobrar durante los 5 siguientes años de su retiro 9.040 (9.260 si es mujer, ¡partidazo!). En cualquier caso, pérdidas son, y como tales, cada pérdida, por poca que sea y por poca influencia que pueda llegar a tener en el dificultoso y siempre abnegado día a día, lamentables son también. De hecho, si bien es cierto que, probablemente, hablando ya en términos cognitivos, el porcentaje mencionado en declive no alcance relevancia clínica, a la vez una disminución de las habilidades, como suele decirse, puede verse compensada con una mayor experiencia vital. Lo cual tampoco se sabe si esto es bueno o malo para los de alrededor, ya que la afectación sobre los demás del paso de la edad suele venir derivada más bien por las veces que se recrea uno en batallitas pasadas, que no por mucho repetirlas se hacen más interesantes, sino más bien al revés… 

Sea como fuere, y a modo aclaratorio, si el “otoño” del cerebro, según “Agencias”, se inicia a los 45 años, no es porque las “Agencias” lo digan, sino porque la edad mínima de las personas incluidas en dicho estudio estaba precisamente en los 45 años. No sabemos qué habría pasado si se hubieran escogido edades más tempranas. Quizás el otoño empezara incluso antes que la primavera, pues es sabido que el cerebro no termina de desarrollarse del todo hasta alcanzar los 25 años, más o menos, luego a veces los ciclos climáticos están más revueltos de lo que a simple vista de estudio parece en lo que al desarrollo cognitivo se refiere. 

Otro apunte aclaratorio en relación a este estudio es que la población era mayormente blanca y perteneciente, laboralmente, al gremio funcionarial, luego hay esperanzas de que los pertenecientes a gremios más activos tengan mejor pronóstico. Lo comido por lo servido: unos se beneficiarían eventualmente de un menor declive económico (el funcionario) y el seglar, a cambio, tendría como compensación un cerebro más activo que le permitiría seguir teniendo que buscarse la vida con más o menos éxito pasados los 45.

Pero fuera bromas fáciles, hay una buena noticia para todos y todas aquellas personas que empiezan a ver cómo, de una forma u otra, y para mal o para bien, y sin entrar en valoraciones de ningún tipo, ya no es lo que eran, independientemente de si pertenecen al envidiado cuerpo funcionarial o no (a los políticos mejor dejarles para estudios aparte, pues últimamente, en foros de expertos y todavía secretos, se está empezando a discutir si podrían en realidad ser una especie de homínidos diferente, por lo que es posible que los datos encontrados hasta el momento para la población general no puedan serles extrapolables). La buena noticia es que, precisamente, justo también en estos días (concretamente el pasado 21 de diciembre) se publicó otro estudio, también de tipo cognitivo y también estudiando sujetos situados en la llamada mediana edad, encontrando que, ¡tachán! ¡aquéllos que consumían drogas tenían un menor declive cognitivo asociado a la edad que los que no las consumían! ¿No se lo creen? Claro, este estudio no ha sido recogido en ningún medio de comunicación… ¿O sí? Haciendo una búsqueda en Internet encuentro el siguiente titular: “La adicción a las drogas no generaría deterioro mental según un estudio”, recogido en algún medio sin demasiado tirón, como es un blog del Diario Médico y poco más. Y, para colmo, encima reflejan mal los resultados, ya que precisamente sí hay peores puntuaciones en los que han tenido historia de adicción en relación a los consumidores que no han tenido historia de adicción. En fin, que uno se pregunta a veces qué les enseñan en la Facultad de Periodismo a los alumnos. Pero vayamos al estudio en sí.

Se entrevistaron a 11.419 personas a la edad de 42 años y entre las preguntas de que se componía la encuesta había algunas referentes al consumo de drogas. Ocho años después, cuando tenían 50, se les administraron algunas pruebas cognitivas para evaluar memoria y funciones ejecutivas (como velocidad de procesamiento mental, fluidez verbal y cosas así). Sorpresivamente (o no, en función de los prejuicios de cada cual), ¡no se encontró una asociación entre el uso de drogas a los 42 años y el funcionamiento cognitivo a los 50 en ninguno de los dominios cognitivos estudiados! Es más, ¡los que tenían en el momento de la entrevista (a los 42 tacos) o en el pasado un consumo de drogas obtenían un mejor rendimiento cognitivo a los 50 que los que nunca habían tomado drogas ilegales! Esto sí que es fuerte, ¿no? Pero hay más, no crean: cuando se relacionó el rendimiento cognitivo con drogas específicas, se encontró que ¡los que habían utilizado en el pasado (si bien no en el momento de la entrevista, esto es, a los 42) marihuana, cocaína y anfetaminas eran quienes mejores puntuaciones tenían de todos! Sin embargo, sí había un peor rendimiento en los que habían tenido problemas de dependencia, si bien, a diferencia de lo encontrado entre los consumidores no dependientes (que, por otra parte, eran la mayoría), las diferencias no eran significativas, esto es, no tenían relevancia estadística y, por tanto, más que dudosa relevancia clínica. 

Pero no son todas buenas noticias. El consumo ilícito de drogas fue mayor entre hombres, y entre solteros, su salud general era peor que la de los no consumidores, tenían más síntomas depresivos y más problemas con el alcohol y más causas criminales previas que los saludables, respetables y felizmente emparejados no consumidores. A la vez, el consumo de drogas se dio más entre personas de clases sociales altas y entre profesionales mejor cualificados. El uso de drogas se asoció también más con el consumo de tabaco. 

Bueno, llegados aquí, está claro que cada uno puede sacar sus propias conclusiones, por lo que ya no conviene alargarse mucho más. Solo un apunte final: la mayoría de los consumidores de drogas usaban principalmente marihuana, y la marihuana está mostrándose cada día un poquito más como neuroprotectora, quizás esta pueda ser una explicación a los resultados encontrados en los que, como se ha dicho, los consumidores, a pesar de que tomaban drogas ilegales y más cantidades de alcohol y tabaco, tenían también un mejor rendimiento cognitivo. De hecho, un artículo publicado hace unos años en la misma revista que el estudio recién comentado, en el que se estudiaron cochortes de edad que iban desde los 18 a los 64 años, encontró que a partir de los 30 empezaba cierto decline cognitivo evidenciable con los tests utilizados (¡horror! ¿¡no era a partir de los 46!? ¡¿qué clase de especie evolucionada es la nuestra que solo tiene 5 años de vida inteligente?!), pero que el declive se vio exclusivamente relacionado con la edad, al margen de que los grupos estudiados fumaran poca, mucha o nada marihuana. 

Para concluir, quizás nada de lo comentado aquí deba sorprender del todo. Se sabe que el declive cognitivo es menos pronunciado en personas con mayor nivel educativo. Y lo que parece más claro, el CI (Cociente Intelectual) correlaciona altamente con el funcionamiento cognitivo. Al no haberse controlado esta variable en los estudios mencionados, es difícil saber si resultaba que los consumidores de drogas eran ya de antemano más listos (cognitivamente hablando, se entiende) que los no consumidores, y de ahí los resultados encontrados. Esto no debe interpretarse como que los no consumidores son más tontos por no consumir, de igual modo que no se puede interpretar que el hecho de que los consumidores de drogas tengan menor declive cognitivo que los no consumidores se deba a que las drogas se lo ha enlentecido. Una cosa son los datos y otra las posibles interpretaciones que se puedan hacer de ellos, que debieran venir siempre derivadas de estudios previos con los que los datos encontrados se puedan relacionar. Además, hay un dogma en estadística que dice que "correlación no es causalidad", y el tipo de estudios mencionados son todos correlacionales. En este sentido, otro artículo reciente ha dado con otra sorprendente sorpresa: que el CI que se tiene en la infancia (concretamente a los 5 y a los 10 años de edad) correlaciona positivamente con el consumo de drogas a los 30. Según los investigadores, “un alto CI en la infancia puede aumentar el riesgo de uso ilegal de drogas en la adolescencia y en la edad adulta”. ¡¡Oh, my DRUGOD!!



jueves, 5 de enero de 2012

La noche de los muertos vivientes (brrrrr)

Estaba TED a punto de dormirse cuando recibe un WhatsApp de una amiga a la que por su cumpleaños le había regalado la Agenda del Fin del Mundo (la particular y divertida agenda, más que para el 2012, para sobrevivirlo, que ha lanzado la editorial Blakie Books), que trae para cada semana una propuesta acerca de cómo podría terminar el 2012, que decía:

<<Esta semana el mundo podría acabar así…

UN ATAQUE DE ZOMBIES

La posibilidad de que una horda de no muertos nos succione el cerebro es tan aterradora que se ha estudiado científicamente: un grupo de antropólogos se desplazó a Haití (origen de la leyenda) para comprobar qué había de cierto en la mitología zombi. Descubrieron que los brujos de la región utilizaban una sustancia con tetrodotoxina que podía dejar a las personas en un estado de semiconsciencia durante días. Cuando despertaban, se les administraba datura, una planta con propiedades hipnóticas y alucinógenas. Se les podía ordenar que hicieran cualquier cosa. Un ejército zombi no era tan descabellado al fin y al cabo>>.

Estremecido, la propuesta de fin del mundo de la semana le llamó a TED la atención, no porque sea esta propuesta precisamente la primera de cómo podría terminar un año que apenas está empezando, sino porque justo estos días se está leyendo el libro de Wade Davis, The serpent and the rainbow, que, junto con Passage of darkness: The ethnobiology of the Haitian Zombie, supusieron las primeras tentativas científicas de entender el proceso de zombificación en la religión Vodoo de Haití. De hecho, para lo que la Agenda es “un grupo de científicos” en la realidad fue el Indiana Jones de la etnobotánica, Wade Davis. Davis, en sus libros ofrece la hipótesis de que una parte de la explicación (no toda la explicación, como han malinterpretado a veces sus críticos) podría deberse a que los polvos que los brujos haitianos utilizaban para zombificar a sus víctimas contenían una toxina, concretamente tetrodotoxina (una sustancia presente de manera natural en algunos tipos de peces tropicales) que tiene como efecto la paralización muscular y el enlentecimiento del ritmo cardiaco y de la respiración hasta tal punto que la persona parece estar verdaderamente muerta. Tras unos días en este estado, y una vez enterrada y todo eso, se la despertaba utilizando antídotos, entre ellos la Datura estramonium, pudiendo pasar el resto de su vida  zombificada, esto es, en traducción de la cultura Haití, "en un cuerpo sin carácter ni voluntad".

Bueno, ahí están los libros de Wade Davis para quien quiera leerlos y los múltiples comentarios, críticas y demás escritos relacionados con sus descubrimientos respecto a la zombificación Vodoo. Como en todo, hay para todos los gustos: desde los que piensan que los zombis en realidad no existen y en su versión más extrema tachan a Davis de haberse inventado muchas cosas, hasta análisis etnográficos profundos que van incluso más lejos en las posibles explicaciones del fenómeno de a las que llegó el propio Davis.

En cualquier caso, esta entrada no pretende analizar los libros de Davis ni entrar a debatir temas tan ajenos y alejados de las capacidades de TED como son tales. Simplemente, al coincidir el recibir por WhatsApp la propuesta de la semana de la Agenda con la lectura de The serpent, TED pensó que habían pasado casi 30 años desde que se publicó el libro hasta el día de hoy y se preguntó qué se había avanzado científicamente en este tema, si es que se había avanzado algo, en todos estos años. Así que, entró en PubMed, como cada vez que trata de responder a alguna de sus preguntas científicas, y ¡voila!, ¡justo un artículo [Natural Products from Ethnodirected Studies: Revisiting the Ethnobiology of the Zombie Poison] recién publicado en el que se revisa todo el conocimiento nuevo que se ha producido desde la publicación del libro de Davis en torno al fenómeno zombi! ¡y encima de acceso libre y gratuito! ¿será que el mundo efectivamente se estará terminando para que haya tanta coincidencia -perdón, sincronicidad- junta?

A TED le resulta imposible resumir un artículo de este calibre, plagado de nombres científicos de plantas y animales, por eso cree que prefiere contarle al lector lo que se encontrará en ese artículo más que iniciar la tarea imposible de explicar su contenido. El artículo es interesantísimo, especialmente para aquellas personas interesadas en la etnobotánica y en los remedios naturales presentes en plantas de uso tradicional, así como de su utilización en otras culturas. Además es, sobre todo, una excelente guía que ofrece 237 referencias bibliográficas que permiten rastrear infinidad de plantas y sus compuestos y conocer no sólo en qué culturas se usan, sino también el nivel de conocimiento científico que se tiene hoy día en relación a su acción farmacológica y a sus potencialidades terapéuticas. ¿Qué tiene que ver esto con Wade Davis y sus zombies? Que el rastreo se realiza a partir de las dos listas de plantas que le dieron a Wade Davis sendos informantes constituyendo el eventual polvo zombificador. En cualquier caso, como se ha dicho, Wade Davis y los zombis, así como esta primera propuesta de año para acabar con el 2012, es solo la coartada para acercarse a un artículo plagado de rica información etnobotánica y, lo que es más interesante, de información clave para seguir rastreando remedios y curiosidades etnobotánicas en las que, cómo no, no faltan las drogas alucinógenas.

Un último comentario, al hilo de la parte, en opinión de TED, más interesante del artículo, que es la lista, no de plantas, sino de animales de uso etnobotánico y con eventuales propiedades medicinales. Es conocimiento común que muchos remedios se obtienen de las plantas, pero, según los autores del artículo, “Revisiones de todo el mundo se fieren al menos 165 especies de reptiles, 101de primates, 55 de bovinos y 46 de mamíferos carnívoros utilizados en medicina tradicional”, por no hablar de peces, los animales más utilizados en medicina tradicional. En lo que aquí principalmente interesa, esto es, la DROGA, más que la medicina (porque la DROGA, obviamente, engloba la medicina), no olvidemos, de hecho, que en nuestras aguas abunda la salpa, pez cuyas propiedades alucinógenas están aún por explorar.



miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿Está fundido el cerebro de los iluminados?

Acaba de publicarse un artículo en la revista científica PLoS ONE titulado “Factores religiosos y atrofia hipocampal en la edad adulta” en el que se presentan resultados de un estudio en el que se han realizado escáneres cerebrales cada dos años  (rango 2-8 años y media 4,19) a 268 hombres y mujeres de 58 años en adelante (media de edad de 69 años) y se ha correlacionado el volumen de una estructura cerebral llamada hipocampo con cada una de las categorías de las afiliaciones religiosas de que se componía la muestra: Protestantes No-Renacidos, Protestantes Renacidos, Católicos, Otras Religiones, No Religiosos; así como con la presencia en la muestra de Experiencias Religiosas: Renacidos (línea base), Experiencia que ha cambiado la vida (línea base), Renacido (nuevo), Experiencia que ha cambiado la vida (nuevo). Es decir, si la experiencia de sentirse Renacido por una parte, o Transformado, por otro, ya se tenía antes de empezar el estudio o apareció a lo largo de los años que duró el estudio. Como se ha dicho, se hizo una evaluación de cada sujeto al inicio del estudio (línea base) y luego cada dos años se repetía el escáner, de tal forma que se podía estudiar la evolución de los hipocampos de los participantes a lo largo del tiempo de tal forma que había sujetos que habían tenido esas experiencias bien de renacimiento, bien de transformación vital, en algún momento a lo largo de la duración del estudio (los categorizados como “nuevos”):

 
Los resultados fueron  impactantes: aquellos sujetos que habían tenido experiencias de transformación de vida y de renacimiento antes de entrar en el estudio (línea base) presentaron, a lo largo de los años, una mayor atrofia cerebral del hipocampo que aquellos que tuvieron ese tipo de experiencias una vez iniciado el estudio. También presentaron atrofia cerebral los Católicos y los No Religiosos, siendo los únicos que parecían mantener sus hipocampos intactos a lo largo del tiempo los que habían tenido experiencias transformadoras y de renacimiento recientes, los pertenecientes a la categoría “otras religiones”, los que practicaban su religión de forma privada y los que iban regularmente a misa sin más. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Se ha demostrado científicamente por fin que la religión es el opio del pueblo y que como tal atrofia el cerebro?




Si los resultados del estudio parecen rocambolescos, la interpretación que ofrecen los investigadores de los resultados ya perece caricaturesca: según ellos, el pertenecer a grupos minoritarios religiosos o el tener experiencias transformadoras puede suponer una situación de estrés. En el primer caso, por sentirse de alguna manera mal vistos, y en el segundo, porque las experiencias transformadoras pueden suponer un choque con las creencias previas y eso desencadenar una respuesta estresante. El estudio es norteamericano, donde ni la religión protestante ni el catolicismo son precisamente religiones minoritarias. La atrofia en el hipocampo se relaciona con las situaciones de estrés mantenido en el tiempo debido a que las células del hipocampo son especialmente sensibles a la acción de las hormonas del estrés, como el cortisol. De ahí que la explicación de los investigadores de la atrofia hipocampal en esos grupos concretos de religiosos la basen en una supuesta respuesta de estrés. En cualquier caso este artículo ha dado lugar a numerosos artículos en los medios y revistas de Internet, entre ellos, el más divulgado de todos, es el firmado por el neuroteólogo Andrew Newberg para la revista Scientific American. En todos estos artículos, lejos de aceptar una relación directa entre la afiliación relogiosa y la hipertrofia hipocampal (que es lo que realmente encuentran los autores), se ofrecen explicaciones alternativas a los insólitos hallazgos, si bien, de entre todas ellas, ninguna esgrime que quizás los que han atravesado por experiencias transformadoras son los que quizás se han vuelto más fanáticos de todos, dedican su vida solamente a su religión y dejan de lado otro tipo de actividades cotidianas y que eso por sí mismo ya puede producir atrofia hipocampal por ir reduciendo la persona cada vez más su exposición a situaciones novedosas del ambiente e irse así rigidizando su estar en el mundo. Quizás si hubiesen utilizado una escala de fanatismo como covariable, o su equivalente clínico, de obsesión, tendríamos alguna interpretación más precisa de los resultados.

Se podrían esgrimir algunas interpretaciones alternativas más, o incluso se podría hablar de las limitaciones metodológicas de los estudios correlacionales, pero lo que le interesa a TED en relación a este estudio no es nada de esto, ni siquiera si sirve para algo o no, o explica algo nuevo sobre la realidad o no. Lo interesante para TED de este estudio es que, de entre todas las noticias que se han hecho eco de él, de todas las interpretaciones que se han dado a los resultados y de todas las vueltas y revueltas que se le ha dado, ninguna concluye que a lo mejor la práctica de determinados tipos de religión es perjudicial para la salud, que es, como se ha dicho, en definitiva lo que concluye el estudio. Compárense este tipo de artículos y las explicaciones que se esgrimen para interpretar los resultados con aquellos en los que se ha encontrado que, por ejemplo, el cannabis, produce atrofia hipocampal. En 2008 se publicó el primero de estos estudios y si uno mira tanto el artículo original como las decenas de artículos periodísticos que generó, nadie pone en duda que el estudio está mal hecho, nadie cuestiona los resultados y, lo que es más importante, a nadie se le ocurrió decir que una explicación alternativa de los resultados puede ser que los fumetas claro, al vivir en un país especialmente duro en cuanto a legislación, como es los EE.UU., sufran un estrés permanente por sentirse estigmatizados socialmente y perseguidos policialmente (algo que no les ocurre a los religiosos iluminados). En ese estudio se vio además que los años de consumo correlacionaban con síntomas psicóticos, lo cual es acorde con la interpretación basada en el estigma y la persecución, ya que cómo no va a puntuar alto en, por ejemplo, paranoia, alguien que lleva media vida evitando ser pescado por el madero de turno. Pero no, si se trata de experiencias religiosas resulta que ahora los pobres sufren estrés porque nadie les comprende, y si se trata de fumetas es que el cannabis les está jodiendo el hipocampo y psicotizándoles.

Lo gracioso de todo es que no hay mayor delirio que una religión donde una realidad inventada y una verdad revelada se toman como si fueran la realidad en sí. Historias fabulosas se admiten por adeptos en masa sin mayor valoración juiciosa y líderes fanáticos cargados de prejuicios morales y de deseos de persecución, venganza, guerra y salvación son obedecidos sin cuestionamiento alguno. ¿No es esto un delirio? En lugar de entender que a lo mejor esta gente está psicótica, se piensa que los pobres están estresados. Y a la inversa, en el caso de los fumetas, se desarrolla toda una teoría según la cual el consumo de drogas es una enfermedad del cerebro cuya prueba anatómica es tener un hipocampo más reducido que el de los no consumidores y cuya manifestación clínica es padecer síntomas psicóticos.

Si esto no es un sinsentido que baje Dios y lo vea.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Drogas precolombinas de ayer y hoy



Seguimos explorando el pasado y esta vez nos encontramos de nuevo con restos arqueológicos que atestiguan el uso generalizado de distintos tipos de drogas, esta vez en culturas precolombinas. Conviene, llegados a este punto, señalar que, contra esa corriente popular tan bienintencionada como ingenua, que afirma que el uso de drogas en la culturas llamadas “primitivas” o “primigenias”, o como quiera llamárselas, donde existe un uso tradicional de drogas en forma de plantas, extractos de plantas, brebajes de plantas, etc., es siempre ritual, espiritual y sagrado, no parece que las evidencias existentes lo apoyen. Como en todas las culturas y en todas partes se dan, como no podía ser de otra forma, usos recreativos. Pero no solo eso, también están perfectamente documentados usos más perversos, como los empleados para mitigar el dolor en rituales de sacrificio, en ceremonias de coronación, para hacer la guerra o simplemente, como ocurre en occidente, como excusa para cometer un acto violento gozando de la impunidad que se le puede dar al perpetrador por considerar que no está en sus cabales (ver por ejemplo, El Río, o Yanomamo, la última gran tribu donde se ofrecen ejemplos concretos de esto). Del mismo modo, estos pueblos idolatrados e idealizados por tantos por considerarles como el sumo de la sabiduría y del conocimiento arcano no solo consumen enteógenos, también le dan a otras drogas supuestamente menos nobles, principalmente al alcohol. Y no porque lo introdujera el hombre blanco, sino desde tiempos tan inmemoriales como usan el peyote, los hongos o las daturas. No solo eso, sino que, como toda cultura que busca en la drogofilia la perfección, no se limitan a descubrir una planta que coloca e ingerirla tal cual, sino que, como buenos científicos, se las ingenian para purificar lo más posible el producto, hacerlo más eficaz al consumirlo y buscar vías de administración eficientes que pasan desde el esnifado de triptaminas hasta los enemas de alcohol mezclado con plantas psicoactivas.



Bien, al hilo de esto, acaba de aparecer un artículo en la revista española Neurología, en la que el autor, el Dr. Carod-Artal, del Hospital de la Virgen de Luz de Cuenca, hace un repaso a todas las drogas utilizadas por los pueblos precolombinos, qué pueblos concretos eran esos, cómo se utilizaban esas drogas y en qué contextos y, lo que es más interesante, ilustrado con fotografías de restos arqueológicos que ponen de manifiesto la presencia constante de dicho uso. Se trata de un artículo sencillo, que aportará algún dato nuevo interesante al drogófilo ilustrado a la vez que iluminará al menos versado en literatura enteogénica respecto a los usos y costumbres drogófilas de culturas ya desaparecidas pero de las que, afortunadamente, nos han quedado legados sumamente interesantes. El autor, en el apartado de conclusiones, vuelve a caer en esa especie de mito que se repite hasta la saciedad de escrito en escrito sin que nadie se moleste en contrastar y que ha terminado funcionando como una especie de dogma y que dice “El abuso de estas sustancias con fines hedonísticos es un hecho reciente en las sociedades posmodernas euramericanas”. Al margen de que, como ya se dijo antes, esto, sencillamente es falaz, tampoco termino de entender por qué lo utiliza tanto el estamento médico las pocas veces que habla de drogas alucinógenas. Pareciera como si un uso religioso, bélico y sacrificial fuera moralmente aceptable (vaya usted a saber por qué motivos concretos) y un uso hedonista no. De nuevo, algunos médicos parecen olvidarse de que su trabajo no consiste en salvar de las llamas del infierno a sus enfermos fieles, sino de salvar sus cuerpos cuando ello sea posible. Lo más dramático es ver reiteradamente cómo usos directamente dañinos, como muchos de los practicados por culturas precolombinas parecen legitimarse mientras que los usos hedonistas, claramente de menos riesgo comparados con, por ejemplo, un uso sacrificial, se condenan. El propio autor, en este sentido, parece no interpretar correctamente las pruebas arqueológicas cuando habla, por ejemplo, de “enema ritual maya” para interpretar una imagen aparecida en una vasija en la que se ve a un supuesto sacerdote administrando un enema de supuesto alcohol a un iniciado. No tiene mucha pinta en este caso el iniciado de solemnidad, pareciera más bien estar disfrutando de un colocón hedónico de vaya usted a saber qué administrado por una vía y de una forma que, eso sí, hoy muchos no nos atreveríamos a dejarnos hacer. Por lo demás, tampoco era mi intención criticar este artículo, solo dárselo a conocer a quien pudiera interesarle. Lo que pasa es que uno se pone y no sabe por qué, ni cómo, termina encendiéndose.




Nota: la fotografía están extraídas del artículo original y reproducidas aquí sin permiso. Mis disculpas a los autores.